Un hombre pobre vivía con su único hijo en el campo. Un día, un caballo salvaje apareció en su huerto. Se veía que no tenía dueño, y como mandaba una tradicción de la época, tenía derecho a quedarse con él. Los vecinos muy emocinados le decían:
—Qué suerte tienes. No tenías caballo y ahora, de pronto, tienes uno sin que te haya costado nada.
El hombre contestó, ante el asombro general:
—No sé si es buena suerte o no. Ya se verá.
Pasó el tiempo. El hijo del hombre estaba galopando con el caballo a campo través cuando, de pronto, una serpiente hizo al animal a hacer un movimiento brusco y a lanzar al jinete por el aire. Fruto de la caída, el chico se destrozó una pierna. Los vecinos vuelven a hablar con el hombre, esta vez con gran preocupación.
—Qué mala suerte has tenido. El caballo que te has encontrado parece que estaba destinado a provocar un accidente a tu hijo, le le llevará mucho tiempo recuperarse…
El hombre, con toda la tranquilidad del mundo, volvió a contestar:
—No sé si es mala suerte o no. Ya se verá.
Transcurridos unos meses, estalló una guerra y todos los jóvenes del país fueron llamados al frente. Todos menos a uno: el hijo del hombre, que por tener la pierna todavía en mal estado, no tenía que hacer frente a una muerte casi segura. Los vecinos, una vez más, volvieron a hablar con el hombre:
—Qué suerte has tenido. El accidente provocado por el caballo, que parecía una desgracia, ha acabado convirtiéndose en la salvación de tu muchacho.
El hombre contestó una vez más:
—No sé si es buena suerte o no. Ya se verá…
La historia podía seguir indefinidamente.
Lo que quiero compartir con vosotros es que es jodidamente complicado juzgar lo que nos pasa, sus consecuencias a corto o largo plazo, y el resultado de las mismas. Esta actitud que tiene prácticamente todo el mundo (incluido este humilde servidor), no nos permite acabar de comprender el verdadero signo de las cosas, que, por desgracia, suele variar con el tiempo.
Por eso, y en estas fechas, pase lo que pase: sea bueno, malo o regular, espero tener la suficiente sangre fría para poder decir:
- No se si es buena o mala suerte. Pero ya se verá.
Un abrazo a tod@s, L.
Fantastico relato, a lo que nos tienes acostumbrados.
Yo si que te puedo decir que tengo buena suerte de teneros como amigos, besiños.
Pa lo bueno y pa lo malo, ya sabes donde estamos… un besazo y gracias, L.