Una semana antes de finalizar mi temporada en el paro un gran amigo tuvo el típico percance que con 20 años te rompes el codo y luego te rompes el culo, y con 30 te rompes el codo y luego te cagas en todos los muertos. Fue en una despedida, y desde luego, seguro no fue por quitarle el protagonismo al novio, pero digamos que JR (lo llamaremos así, para conservar el economato) se dio un talegazo que le iba a hacer pasar una temporadita de baja.
En esa semana prácticamente lo vi todos los días, desde luego tiempo tenía, pero cuando arrancó la Bundesliga, la frecuencia pasó a semanal, y después nuestras comunicaciones se pasaron a esporádicas llamadas por teléfono, para interesarnos mutuamente por nuestras vidas.
Tengo que admitir que cuando empecé a trabajar me prometí tratar de mantener una vida sana, (es decir, hacer deporte); y una vida social también sana, (es decir, tratar de reforzar amistades y porque no, cultivar algunas nuevas). Y como sigo siendo el mismo que hace 15 años, me las prometí felices.
Recuerdo haber quedado con él a tomar unas cervezas, pero muy apuradamente, y con la típica frase de “a ver si quedamos con más calma”…”Tranquilo, céntrate en el chollo que lo mío va para largo y seguro que tenemos tiempo”.
“Seguro que tenemos tiempo”. El 4 de Noviembre la vida me enseñó que una vez más que mi mente emite cheques que mi el resto de mi cuerpo no puede pagar. En esta ocasión un mensaje de texto de JR en mi móvil decía algo así como: “Mañana me vuelvo a los madriles que el lunes empiezo a trabajar, que me han dado el alta”. Acababa de aterrizar después de un largo día de reuniones con mi amado cliente.
Justo el día en que cumplía cuatro meses en la empresa. Cuando lo leí me sentí realmente jodido. Habían pasado ya tres meses desde la última vez que nos habíamos visto y el tiempo había volado. Lo llamé inmediatamente y me disculpé. A JR no le importó. Se hacía cargo de cómo se desarrollan los hechos cuando uno empieza una nueva aventura. A JR no le importó, pero a mi me quedo cierta amargura en la boca.
Laboralmente hablando soy un tipo feliz. Desde que trabajé en la pizzería no me divertía tanto. La responsabilidad pesa, el salario es justo, las horas son muchas y largas (pero cuando estás entretenido se pasan mejor), los viajes horribles y las noches en las que cierro los ojos y sigo trabajando se acumulan. Levantarme por las noches después de estar soñando con el trabajo, y anotar cosas en la puerta de la nevera puede parecer de enfermo mental, lo se cuando las leo por la mañana. Pero soy feliz. Y eso, viendo como va el país, sobra y basta.
Pero volviendo al tema: JR, acepta mis mas sinceras disculpas y espero que esa cerveza la podamos disfrutar antes de que acabe el año. Una vez más dirás que no pasa nada, pero gracias a mensajes como ese me doy cuenta que trabajar está bien, que hay que tomarse el chollo en serio, pero hay otras cosas, como las amistades, que es mejor no descuidar.
Un abrazo a todos l@s lector@s, nos vemos (espero), L.
No lo dudes nunca, las amistades son demasiado importantes para perderlas, hay que buscarlas, cuidarlas y no olvidarlas.